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miércoles, 3 de octubre de 2012

Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar.
Estábamos bien en el interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.
Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.
Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el auto al taller.
Cuando me despedí de mi padre él me dijo: Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a la casa juntos.
Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.
Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p.m.
Él me preguntó con ansiedad:
- ¿Por qué llegas tarde?
Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar... esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.
- Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.
Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo... así que yo conduje el auto 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.
Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir. Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso... Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos ¿hubiese aprendido la lección?
¡No lo creo! Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer.
¡Éste es el poder de la vida sin violencia!
“Lo peor es educar por métodos basados en el temor, la fuerza, la autoridad, porque se destruye la sinceridad y la confianza, y sólo se consigue una falsa sumisión” -Albert Einstein-
Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi



 Mar te dice al oído:



 A veces la enseñanza no consiste en castigos ni voces altas, la enseñanza llega al ocrazón y a la mente, si conseguimos que reflexionen sobre lo que estuvo mal, la próxima vez pensaran en ello, si por el contrario nuestro castigo es otro castigo al tiempo olvidaran por que fue


4 comentarios:

GoBri dijo...

Que bueno tenerte de vuelta con tus maravillas entradas. Esta tiene una reflexión increible, la imagen esa que te viene viendo a tu padre caminar y sentir que es el, quien falló, te hace reflexionar y pensar en cada vez que mentimos o que llegamos tarde....
Felices de tenerte en activo o medio activo de vuelta jaja, y mucha suerte(mierda) con todo el tema de las joyas que son estupendas^^
Un saludín, GoBri!!!

Nerea Rivera dijo...

Bien dicho. Esta historia nos enseña dos cosas: una, que nuestras mentiras pueden herir a los demás y debemos ser responsables. Otra, como bien dices, que para enseñar que no se debe mentir, no es necesario gritar, ni castigos excesivos, ni violencia. Se puede enseñar esa lección de muchas maneras.

Marisa, el rincón de mi niñez dijo...

Holaaaa , tanto tiempo Mar... Facebook me alejò de lo que tanto me gusta..Asi que volvi a mi antiguo amor BLOGGUER!!!
Como siempre,un placer leerte.

"A veces la enseñanza no consiste en castigos ni voces altas, la enseñanza llega al ocrazón y a la mente"

NUESTRA CONCIENCIA ES LO QUE VALE.

NuriaLourdes dijo...

Holaaaaaa Mar, qué alegría pasar de nuevo por aquí, la verdad te haz dejado extrañar mucho y estoy felíz al leer ésta bonita y reflexiva entrada... maravillosa y con un gran mensaje.
Te dejo un beso y muchos cariños, volveré pronto.

 
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