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jueves, 25 de noviembre de 2010

DIA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GENERO



Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, por que la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... por que la has maltratado. ¿Por qué la maltratas?

Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras...

Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas..., patadas que yo también sufría. Hasta aquel último día.

Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera.

Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa.

De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata?

La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías.

Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos...Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo.

Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!-dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez... Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino.

Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.

Mar te dice al oído:
Hace unos dias me llegó esto por e-mail, me pareció muy duro leer esto, aunque más duro y
más triste es, ver cada día en las noticias como aumenta la violencia de género y nadie hace
nada, y dejan de ser personas para pasar a ser una cifra más de una estadística...
Esta carta la escribió un chico de segundo de bachillerato.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola.

que triste historia . se lo que es ese sentimiento. es tan nostalgico cada letra que plasmas en este escrito. algo tan de la vida actual.
como quisiera que no existiera el abuso de ningun aspecto.

me da tanta desolacion y un vacio inmenso en el corazon que me hace sentir un frio tremendo en una larga noche de lluvia.

besitos y que Dios te cuide.
suena con los angeles.

En la vida todos vamos en caminos distintos sufriendo de distintas formas.

abrazos tambien..

jairo F.Quindós dijo...

Mar sin duda muy duro este relato, la valentia de un hombre no se mide en su fuerza.
Se mide en sus actos, en sus palabras.
gente asi no hace más que dejar patente su cobardía su deshonra a llamarse ser humano.
Y no saber agradecer que en su día una mujer le dio la vida, que una mujer no es un ser inferior, una mujer es la unica que tiene el don de dar la vida y solamente por eso hemos de estar enormemente agradecidos.
Basta ya de tanta violencia sin sentido.

 
Abril 2008 | Diseñado por anita