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domingo, 22 de junio de 2008


Hace veinte años, yo manejaba un taxi para vivir. Lo hacía en el turno nocturno y mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros subían, se sentaban atrás de mí en total anonimato, y me contaban acerca de sus vidas. Encontré gentes cuyas vidas me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y me deprimían. Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí en una noche de agosto.

Respondí a una llamada de unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad. Asumí que recogería a algunos saliendo de una fiesta, o alguien que había tenido una pelea con su amante o un trabajador que tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial de la ciudad. Cuando llegué a las 2:30 a.m., el edificio estaba oscuro excepto por una luz en la ventana del primer piso. Bajo esas circunstancias, muchos conductores sólo hacen sonar su claxon una o dos veces, esperan un minuto, y después se van. Pero yo he visto a muchas personas empobrecidas que dependen de los taxis como su único medio de transporte. Aunque la situación se veía peligrosa, yo siempre iba hacia la puerta. Este pasajero deber ser alguien que necesita de mi ayuda, razoné para mí. Por lo tanto caminé hacia la puerta y toqué "un minuto", y respondió una frágil voz.

Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso y después de una larga pausa, la puerta se abrió. Una pequeña mujer de unos ochenta años se paró enfrente de mi. A su lado una pequeña maleta de nylon. El departamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años. Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes, ninguna baratija o utensilio. En la esquina había una caja de cartón llena de fotos y una vajilla de cristal. Repetía su agradecimiento por mi gentileza. - No es nada, le dije. Yo sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada. - Oh, estoy segura de que es un buen hijo, dijo ella.


Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó: - ¿Podría manejar a través del centro? - Ese no es el camino corto, le respondí rápidamente. - Oh, no importa, dijo ella. No tengo prisa, estoy camino del asilo. La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos. - No tengo familia - ella continuó, el doctor dice que no me queda mucho tiempo… Tranquilamente alcancé y apagué el reloj. - ¿Qué ruta le gustaría que tomara? le pregunté. Por las siguientes dos horas manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores. Manejé hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando eran recién casados. Me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era niña. Algunas veces me pedía que pasara lentamente enfrente de un edificio en particular o una esquina y veía en la oscuridad, y no decía nada…

Con el primer rayo de sol apareciéndose en el horizonte, ella repentinamente dijo: - Estoy cansada, vámonos ahora. Manejé en silencio hacia la dirección que me había dado. Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Eran muy amables, vigilando cada uno de sus movimientos. Debían haber estado esperándola. Abrí la cajuela y dejé la pequeña maleta en la puerta. La mujer estaba lista para sentarse en una silla de ruedas. - ¿Cuánto le debo?, Preguntó, buscando en su bolsa. - Nada, le dije. - Tienes que vivir de algo, respondió. - Habrá otros pasajeros, respondí. Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé. Ella me sostuvo con fuerza, y dijo: -Necesito un abrazo!! Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana.

Atrás de mí una puerta se cerró, fue el sonido de una vida concluida. No recogí a ningún pasajero en ese turno, manejé sin rumbo por el resto del día. No podía hablar. ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera tocado el claxon una vez, y me hubiera ido? En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más importante en mi vida. Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero los grandes momentos son los que nos atrapan bellamente desprevenidos, en los que otras personas pensarán que sólo son pequeños momentos. La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tú hiciste o lo que tú dijiste... pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir...

"Conserva el recuerdo del perfume de la rosa y fácilmente olvidarás que está marchita..."


Mar te dice al oído:


A veces un simple gesto como un abrazo, una caricia, un beso puede que te haga ver el sol que

tapaba las nubes, todos necesitamos a veces de una muestra de cariño, no caigamos en el error

de no darlo, de no recibirlo...quizás con ese gesto puedes dar todo el cariño que necesita esa persona, todo el cariño que necesites en un preciso momento.

A mí me gusta dar abrazos, me gusta sentir el contacto, la ternura, el calor de la otra persona...me gusta sentir el cariño, me gusta sentir el amor que puede encerrar un simple abrazo.

17 comentarios:

Moravia Peralta Hernández, dijo...

Que cosas tan bellas escribes!! Y cómo es de bonito tu blog. Gracias!!

Max dijo...

No se hable más!
Un abrato muy muy muy muy fuerte! ;-)

Poetiza dijo...

Que hermosa reflexion. Cuantas veces alguien necesita un abrazo y no se lo damos por no saber leer en sus ojos lo que necesita. Te dejo un beso y abrazo a la distancia. Cuidate.

marea@ dijo...

voy voy voyyyyyy

un abrazo de oso. Marea@

Sandra dijo...

Pues si, a veces un simple gesto puede hacernos muy felices.

Como siempre, un post precioso.

Un besito guapa.

Vitalweb dijo...

Mágicos abrazos!!!

Pasa un buen día Mar.

carolbjca dijo...

Con un simple abrazo puedes traer una alegria inesperada a esa persona. Muy bella reflexion.

Besos,

Caroline

AsiSoyYo dijo...

Son esos momentos los que nos muestran la grandeza de la vida, reflexiones como esta nos hacen ver esa importancia... gracias, como siempre un post precioso, un beso

+SUSANA dijo...

Un abrazo con cariño o con amor es de las cosas más bonitas que podemos regalar. Y siempre es bienvenido. Besosss

Mary dijo...

SENCILLAMENTE BELLO ESCRITO BELLISIMO¡¡

BESOS¡¡

Juani lopes dijo...

me dejastes sin palabras, que bonita reflexion, espero que si algun dia necesites un abrazo tengas a alguie que te lo de, y si no es asi acuerdate de esta valencia, que estara alli para dartelo. Precioso
saluditos

Mario de Gea dijo...

Un abrazo de un antiguo amigo...

Besos

dyssar dijo...

Hola mar.... puedo decirte algo??? WENO MAS BIEN TE MANDO UN ABRAZO DE ESOS QUE TE DEJAN SIN ALIENTO,QUE TE DEJAN SIN SABER QUE DECIR... SOLO SE SIENTE EN LA PIEL..

bonitas palabras...yo kiero que me toque un taxista de esos :)

un beso

John Doe dijo...

"Ver es creer, pero sentir es estar seguro..."

RAMMSES dijo...

Es el contacto, el sentir una mano cálida, momento y tiempo convergentes.
Y te dejo un abrazo con afecto. La bella hada Mar.
Espero que sigas bien... buen inicio de semana.
Beso.

RAMMSES dijo...

Se me olvidaba, me gustó el puntero en estrella. jejeje.
Beso.

Moravia Peralta Hernández, dijo...

Imagino que con el tiempo los amigos virtuales se convierten en amigos más reales; lo que pasa es que como que estoy muy nueva en esto todavía. En todo caso, muchas gracias por la bienvenida. Un beso!!!

 
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